Activando Redes: Manuel Conde Vázquez.

13/02/2015
Antonia Castro Mateos

A finales de Enero conocimos a Manuel Conde Vázquez, un emeritense con raíces aljucenses, de la mano de nuestra alumna, Mª Carmen Torres. Su trayectoria profesional como matarife del Matadero Regional de Mérida a lo largo de treinta y un años es lo que incitó a Mª Carmen a hablar con él y a contarle nuestro proyecto con la intención de implicarle en él. El encuentro tuvo lugar el día 31 de enero en casa de Mª del Carmen, en la barriada de San Andrés, popularmente conocida como «Cantarranas», en Mérida.

MANUEL CONDE VÁZQUEZ
Fig. 1. Manuel Conde Vázquez mostrando los diplomas y medallas de honor al trabajo que le concedieron en «El Matadero» por su trabajo y buen hacer. (Foto Antonia Castro Mateos).
MANUEL CONDE VÁZQUEZ Y Mª CARMEN
Fig. 2. Manuel Conde Vázquez con Mª del Carmen Torres Fernández en un momento de la entrevista. (Foto Antonia Castro Mateos).

Manuel vino acompañado de su mujer, Juani, quien le ayudó a recordar algunos datos y situaciones sociales que el tiempo había desdibujado. Así, entre los dos re-construyeron una parte de su «historia de vida». En esta tarea también contamos con la ayuda de Domingo, el marido de Mª Carmen, quien nos contó anécdotas y sucesos que acontecieron por aquella época en la ciudad, describiéndonos con detalle los lugares donde tuvieron lugar. De esta forma, nos ayudó a ejercitar la imaginación antropológica y a re-crear contextos.

MANUEL CONDE VAZQUEZ Y JUANI ,SU MUJER
Fig. 3. Juani y Manuel. (Foto Antonia Castro Mateos).
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Fig. 4. Mª Carmen, Domingo, Juani y Manuel. (Foto Antonia Castro Mateos).
Mª Carmen y Antonia preparadas con la grabadora y bolígrafo en mano iniciaron la entrevista. Aunque al principio la grabadora hizo que nuestros informantes se sintieran un poco incómodos, en seguida se relajaron y convirtieron la entrevista en una situación de cálido encuentro con el pasado en el que poco a poco fuimos sumergiéndonos hasta el punto que pudimos oir de nuevo la sirena del «Matadero», sentimos el trajín de los matarifes, su respiración contenida a la hora de pinchar y luego abrir en canal al animal, el ruido de la cinta transportadora donde echaban a los animales, el olor a sangre y sudor, las risas, los chascarrillos de la hora de comer y el suspiro de alivio cuando, otra vez, sonaba la sirena, esta vez para irse a casa. Fue una conversación relajada, un encuentro entre amigos y vecinos, pues Manuel y Juani también viven en «Catarranas», aderezado con café y bizcocho casero.
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Fig. 5.  Mª Carmen, Antonia, Juani y Manuel. (Foto Domingo Moscatel Barragán).
MERIENDA Y ENTREVISTA
Fig. 6. Durante la entrevista fuimos agasajados por Mª Carmen y Domingo con un delicioso café y un estupendo bizcocho casero. (Foto Antonia Castro Mateos).

1.- Manuel,¿cuándo entraste en el Matadero?:

«…En 1967 y entré de aprendiz, tenía entonces 17 años...». 

2.- ¿Cómo era eso de ser aprendiz?:

«…Pues consistía en aprender el oficio durante un tiempo y cuando ya sabías el oficio podías presentarte un examen. Aunque había veces que ya sabías el oficio y seguías siendo aprendiz y sin embargo, estabas haciendo el oficio de oficial. Normalmente, a los tres años sufrías un examen para ayudante, sí salías de ayudante a los dos años podías solicitar el examen para oficial. Primero, para Oficial Segunda y luego, para Oficial Primera. Oficial Primera era lo máximo. Yo llegué a Oficial Segunda...».

3.- ¿Cuántos años estuviste trabajando en la empresa Manuel?:

«…Pues estuve del 1967 al 1998, treinta y un años…».

4.- ¿Cómo entraste en la empresa?:

«…Entré porque me recomendaron. Mi madre a través de uno de los jefes que estaba allí, pues me entró en el Matadero. Mi madre trabajaba en el Ayuntamiento. Primero, estuvo en el hospital luego la trasladaron a la escuela de Trajano y de ahí se fue a los váter públicos que el Ayuntamiento tenía en las traseras de la iglesia de Santa María, al lado de la fuente, enfrente de donde está hoy lo de Hacienda….» . 

5.- ¿Qué salario tenías?:

«…Entré ganando 250 pesetas de aprendiz…».

6.- Pero eso ¿era al mes, a la semana…?:

Risas «…al mes (risas otra vez) y cuando ascendí de categoría gané 7.000 pesetas…». 

Juani: «…Eso fue más tarde Manolo, después de casarnos, en 1974...».

7.-  Manuel, nos han contado otros trabajadores que para ir al Matadero había diferentes caminos: el «Puente de Hierro», el «Puente Romano», la barca, ¿tú cuál usabas?:

«...Yo como tenía que ir desde aquí, desde Cantarranas, iba en bicicleta pasando por el puente romano, aunque el que iba andando desde el barrio cruzaba un puentecillo muy chico, de madera y por ahí «atrochaba» y llegaba antes al Matadero. El puentecillo estaba por debajo del puente nuevo, donde están las Escolapias (el colegio), un puentecillo chico, nada unos tablones…».

Mª Carmen: «…De eso sí me acuerdo yo que he pasado por ahí y me daba mucho miedo, en el Guadianilla chico, por donde está ahora el puente ese que se pasa bien, ahí, en la Zona Sur. De ese si me acuerdo yo, porque mis cuñados iban por ahí con las vacas…» (risas).

8.- Y cuando el río venía crecido ¿cómo pasaban?:

«…Había que dar  la vuelta por el puente romano y desde el puente romano había veces que el agua lo inundaba (…) Todo lo que es hoy Auto-res, todo eso lo inundaba el Guadiana. Entonces, venían los camiones de la empresa y nos llevaban hasta el trabajo.…». 

CRECIDA GUADIANA 1947, AL FONDO MOLINO PAN CALIENTE
Fig. 7. Crecida del Guadiana en 1947. Al fondo,el molino de Pancaliente. Las imágenes de la riada fueron sacadas por el tío abuelo y el padre de D. José Luis de la Barrera Antón. (Foto sacada del libro de José Luis de la Barrera Antón, (1999), Estampas de la Mérida de Ayer. Ed. Asociación de Amigos del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida y autor. Mérida, p. 163).
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Fig. 8. Crecida del Guadiana en 1947. Foto tomada desde la atalaya de la Alcazaba. (Foto: De la Barrera Antón, J. L.: Ibídem).
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Fig. 9. Vista del «Puente Romano» durante en la crecida de 1947. (Foto De la  Barrera Antón, J. L.: Ibídem, p. 164).
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Fig. 10. Crecida del río Guadiana en 1947. Vista tomada «…desde la zona de salida del puente, con Mérida al fondo, se ve un personaje, don D. Enrique Frontiñán, gerente y administrador general (…) de la empresa «Corchero y Cía», (…) contemplando la gran avenida que había llegado a cubrir buena parte del puente….». (Foto y texto: De la  Barrera Antón, J. L.: Ibídem, p. 162)

Manuel: «...Y, luego, los que vivían en Mérida pasaban por el puente de hierro…».

Mª Carmen: «…Sí, como la madre de Rosa Mª Ceballos…».

Manuel: «...Pero era muy peligroso, el tren mató a varias personas. ¡Claro, es que la vía se ponía así!…». Manuel hace un gesto con la mano para indicar que se llenaba de gente. «…Había mucha gente que pasaba por el puente de hierro. Luego, más tarde alrededor de los años 70 pusieron el autobús (urbanoque iba de Mérida al Matadero. Iba a tope, lleno. Y luego, también se pasaba con la barca….». 

Mª Carmen: «…La Teófila dice que ella pasaba por la barca y sin embargo, Teodora dice que no. La Teodora me contó a mí que cuando ella iba a trabajar estaban haciendo el puente nuevo (que se abrió al tráfico en 1954), ella iba por el puente romano, claro que la Teodora trabajó antes que tú, porque ella es mayor. La Teodora tiene 73 años. Si quieres Antonia quedamos con ella….». 

Antonia: «…Vale, pero primero vamos a hacer las entrevistas que nos faltan y luego planteamos más…».

9.- Entonces, tenías que salir muy temprano de casa para llegar al trabajo ¿no?:

Contesta Juani en vez de Manuel: «…Claro, por la mañana se iba tempranito y se bebía la copita de anís en la Plaza de los Toros, en un bar que había en la calle Oviedo, en «El Bocatuerta»…» (risas).

Manuel: «…Sí, me iba un poquito antes y me tomaba ahí mi copita…» (más risas).

Antonia: Es que a esas horas tenía que hacer mucho frío ¿no?:

Manolo: «…Claro, claro…». 

Mª Carmen:  «…Y con la bicicleta, ¡fíjate!…».

Juani: «…Y en la bici más…».

Mª Carmen: «…Yo creo que se come y se bebe de otra manera con arreglo a la temperatura. El gazpacho se bebe en Andalucía, porque hace más calor (… ) Yo creo que es con arreglo a la zona donde vivas así comes y así puedes beber.…».

10.- Explícanos en que consistía tu trabajo:

«…Ser matarife consistía en sacrificar el cerdo, el cordero y el vacuno, todo tipo de animales. Primero, era el «mate», que consistía en matarlo, desangrarlo y desollarlo. En primer lugar, se enganchaba el guarro en un gancho, como lo engancho yo en la matanza (risas), bueno, yo ya no los engancho (risas otra vez). Luego, había un par de hombres que le echaban una cadena y lo enganchaban en un elevador, se sacrificaba el cerdo o se «pinchaba», es decir se le metía el cuchillo y después, con el elevador se subía el cerdo a cierta altura y se paraba para que se desangrara…».

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Fig. 11. El matarife desollando una ternera. (Foto cedida por Rafael Sauceda, gracias a las gestiones de Rosa Mª Ceballos Blanco).
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Fig. 12. En pleno proceso del sacrificio el matarife, Luis Sauceda, terminado de quitarle la piel, en «El Matadero» de Mérida. (Foto cedida por Rafael Sauceda, gracias a las gestiones de Rosa Mª Ceballos Blanco).

Mª Carmen: «...O sea, primero se colgaba y después, le metías el cuchillo y ya se desangraba…¡ostrin!…».

Manuel: «…Claro, para que se desangrara bien ¿no?...».

Mª Carmen:  «…No, pero… Vamos a ver, es que hoy hay muchas técnicas para matar los guarros como la electricidad…».

Manuel: «…Pero eso ya vino después. Luego, una vez muerto, se pasaba al animal a la caldera que calentaba el cuerpo del animal para luego poder pelarlo y quitarle las «cerdas» (pelos). De ahí, pasaba a una cadena donde lo colgaban para poder abrirlo en «canal». Luego, seguía para adelante en unos carros y ya se le iban quitando las tripas, las vísceras todas y luego, se pasaba a descuartizarlos y despiezarlos y de ahí a las cámaras a refrigerar...». 

Mª Carmen: «…¿Y todo ese trabajo lo hacías tú?…».

Manuel: «…Yo en el puesto que me ponían lo tenía que hacer, desde matar a descuartizar cuartos u otras cosas. Tenías que hacer lo que te mandaban donde te iban poniendo. Así, un día te tocaba en un sitio, otro día te tocaba en otro. Incluso, en los últimos años, cuando ya no había trabajo estuve en la fábrica de envases, luego ya caí malo…».

11.- ¿La técnica era la misma para todos los animales?:

Manuel: «...No…». 

12.- ¿En qué se diferenciaban?:

«...El borrego era diferente. Al borrego no había que meterlo en calderas ni na. Nada más que los «pinchabas», lo echabas en la cinta que iba dando vueltas y ahí había dos o tres peones que nos los iban echando a los «bancos» donde nosotros los desollábamos y lo volvíamos a colgar en otra cinta y ya, otros le iban haciendo otras cosas. Era una cadena que no paraba…».

13.- ¿Cuántos animales podían matar al día?:

«…Pues, por lo menos de cinco mil a seis mil borregos al día y de quinientos a seiscientos guarros. Y vacuno, a lo mejor, se mataban cincuenta o sesenta cabezas de vacuno. Y luego, ya en lo moderno el cerdo era diferente: consistía en una cadena que los cogía cuando venían de los corrales, los agarraban y a la salida de la cadena les ponías unas pinzas eléctricas y le dabas al guarro una descarga eléctrica que lo dejaba atontecido. Ahí, se cogía con una cadena, se colgaba también en un elevador, se desangraba y ya no se desenganchaba hasta que llegaba a las cámaras. Se pasaba por las calderas y por la máquina que los pelaba, pero era diferente a como lo hacíamos al principio...».

Manuel nos han contado que durante una etapa hubo matarifes musulmanes, porque el Matadero también vendió a Marruecos, ¿lo recuerda?:

«…Sí, venían a matar al Matadero, mataban solo para ellos. La vaca la mataban diferente a nosotros, la cogían viva, la ponían mirando a La Meca y le cortaban el pescuezo, la degollaban, no le daban «puntilla» ni na. Y al cortarle el pescuezo se desangraba. Nosotros llegábamos a la trampilla y le dábamos la «puntilla» y la vaca quedaba «inconsciente» y de ahí, la colgabas y la desangrabas, pero ellos no, ellos lo hacían «en vivo». Tenían como un cuchillo en semicírculo con el que le daban el tajo…».

La diferencia entre ambas técnicas es que con «la puntilla» seccionas la médula espinal del animal provocando su muerte de forma inmediata, mientras que al degollarlo tarda más en morirse.

Manuel: «…Luego, también mataba aquí en el barrio. He sido el matarife en muchas matanzas...».

Mª Carmen:«…A nosotros nos mató una vez un guarro, estábamos recién venidos aquí, matamos un guarro grandísimo ¿te acuerdas Manolo que estaba preñada la guarra?…».

Manuel: «…Me acuerdo…».

Mª Carmen: «…La matamos con unos amigos, con Miguel y fue él a matárnosla y a preparárnosla…» (risas).

Mª Carmen: «...Manuel ha sido un buen matarife y con muchos años de experiencia y además, era buen probador de carnes….».

Juani: «…Si, si, le gusta mucho comer…» (risas).

14.- Manuel ¿qué producto de los del Matadero te gustaba más? nos han dicho que el «chorizo regio» tenía mucho éxito:

«…No, a mí lo que más me gustaba, y me gusta, era el jamón ibérico…».

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Fig. 13. Bodegón de chacinas del Matadero. Foto realizada en la antigua Hospedería del Matadero,hoy reconvertida en comedor social. (Foto cedida por Juan Antonio Ramos Blanco).

Manuel: «…Yo aquí en el barrio he matado mucho cochino, he ido a muchas matanzas…».

15.- ¿Qué horario tenías?, ¿hacías horas extras?:

«…El horario que tenía yo cuando estaba en sacrificio era de entrar a las cinco y media de la mañana para que cuando llegaran los de las seis tener ya los primeros guarros matados para que la cadena no parara. Luego, salíamos, a lo mejor, media hora antes. Así que, entrabamos a las cinco y media hasta las cuatro y media si no paraba a merendar (comer). Si paraba a merendar tenía que salir media hora más tarde. Para el bocadillo (el desayuno) nos daban un cuarto de hora y para la merienda salíamos a la una y a las dos y pico entrábamos, antes nos comíamos el bocadillo…». 

Juani: «…A la carrera se comía el bocadillo, por eso se cortaba, porque iba a la carrera. Trabajando se cortó pocas veces con los cuchillos grandes, pero comiendo el bocadillo se cortó más de una vez…». 

Manuel: «…Comiéndome el bocadillo me corté aquí (señala Juani todo el dedo) hasta por aquí, me tuvo que dar D. Manuel Hernández, el médico, para coserme todo esto…».

Domingo: «…No se cortaba porque estaba acostumbrado a cortar mucho con el cuchillo, porque yo lo he visto allí deshuesando y haciendo todo el tinglado…».

Juani saca una hoja del periódico en el que se puede ver a Manuel durante la hora del bocadillo con los compañeros. Manuel nos cuenta que aunque tenían un comedor se salían todos y todas a comer fuera del Matadero, a la cuneta de la vía, para que les diera el aire fresco. Y Juani riéndose apostilla que: «…Aquello parecía un palomar cuando se ponían allí a comer el bocadillo (…) todos de blanco, imagínate…». El blanco era el color del uniforme.

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Fig. 14. Manuel comiéndose el bocadillo con otros compañeros, es el primero empezando por la izquierda. (Foto Antonia Castro Mateos).
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Fig. 15. El periódico es del día 6 de diciembre de 1984 y el artículo de J. L. Aroca refiere que Magistratura de Trabajo de Madrid había rechazado la demanda de los comités de empresa de CARCESA que establecía una subida salarial del 8% y una equiparación salarial con el resto de industrias cárnicas. La sentencia fue recurrida en el Tribunal Central de Trabajo. El pie de foto señala la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores de la empresa. (Foto Antonia Castro Mateos).

Manuel: «…Cuando no estaba en sacrificio entraba a las seis y salía a las dos. Y en cuanto a las horas extras hice algunas y pagadasAdemás, para poder fichar en los relojes, a la entrada y a la salida, había que hacer cola, de toda la gente que éramos. Los relojes estaban en un pasillo muy grande que se ponía a tope de gente...». 

16.- Manuel explícanos que hacían las mujeres en la empresa, en qué trabajaban y la relación que teníais con ellas:

Risas, «…la relación era muy buena (risas otra vez). Estábamos juntos tanto en el trabajo como en los descansos. A la hora del bocadillo, como ya he dicho, salíamos fuera todos juntos a comer o sino íbamos a los comedores y allí, por ejemplo estábamos, a lo mejor, cuatro o cinco mujeres en una mesa y en otra, al lado, cuatro o cinco hombres y así (…) todos en la misma sala.  Estábamos mezclados y la relación era buena. 

Pero cuando estábamos trabajando, despiezando al animal, que era tarea de hombres, todo el «mate» era tarea de hombres, las mujeres se dedicaban a ciertas tareas: coger la carne y quitarle la grasa, mientras que los hombres se dedicaban a descuartizar, deshuesar, descarnar, sacar las piezas, el lomo, solomillo, etc., y, luego, les pasaban las piezas a ellas. Las mujeres eran las que las seleccionaban y les quitaban la grasa…».

17.- ¿Te acuerdas si se hicieron muchas parejas entre los trabajadores y trabajadoras?, ¿gente que se ennoviara y se casara?:

«…Bueno, de allí salieron muchas parejas…» (risas).

Juani: Riéndose dice: «…-¡Pues no había allí líos!…» (más risas).

Manuel: Riéndose dice:»…-Había muchas parejas…».

Juani:  «…Allí había muchos líos….¡Uhhhh!… Había mucha gente hija….».

Manuel: «…Allí es que trabajábamos muchas personas, unos mil quinientos más o menos y en campaña podía entrar seiscientos o setecientos temporeros…».

Juani: «…Si es que las cosas siempre han sido así…» (risas).

18.- ¿Quién controlaba tú trabajo?:

«…Pues el encargado…».

19.-¿Qué relación tenías con él?:

«…Bueno… (risas) Buena y mala…».

Juani: «…Él me cuenta a mí algunas veces que el encargado le decía: -Manolo tienes que hacer esto, esto, esto y esto y él le preguntaba: ¿Qué te vas a ir de vacaciones?...» (risas).

Domingo: «…Claro, claro, tanto mandar…» (más risas).

Juani: «…Buuuu...» (más risas).

Manuel: «…Es verdad, me decía: -Me tienes que hacer esto y de que termines esto me haces eso y luego aquello y yo le decía: pero ¿te vas a ir de vacaciones? parece que te estas rayando mucho...» (risas).

Domingo: «...Parece que te estás rayando mucho, como se decía antiguamente...» (más risas). 

20.- ¿Y se usaban por entonces motes entre los trabajadores?:

«…¡Buuu!… Muchos, pero no digo ninguno que a lo mejor se molesta alguien. Digo el mío. A mí me llamaban Cantarranas, porque vivía en Cantarranas. Antes era muy común el uso de motes, casi toda la gente teníamos motes…». 

Domingo: «…A mí me decían: -¿Y la mosca? ¿dónde anda la mosca?…».

Antonia: ¿Por qué estaba en todas partes o qué?:

Domingo: «…No, porque me llamo Moscatel. ¿Dónde está la mosca?, mira a ver dónde está la mosca. Joe con la mosca, hay que joerse.…».

21.- Fuera del trabajo ¿tenias relaciones con los compañeros?:

«…Sí hombre, como no. Tenía compañeros con los que nos tomábamos algunas cervecitas de vez en cuando, una, dos….(risas). También formaba parte de «la peña del lagarto…» (muchas risas).

Domingo: «…¡Lagarto, lagarto!…».

Manuel: «…Se llamaba así porque a uno le apodaban «el lagarto». Era…. ¡Uhh!… (Manuel está haciendo memoria), era… ¿Cómo se llamaban estos?…  Ahora no me acuerdo…».

Mª Carmen: «…Tendría el apellido o algo … Lagarto, ¿no?…».

Antonia: ¿No será que se hacían calderetas de lagarto?, porque a mí mi padre me ha contado que se hacían por entonces caldereta de lagarto y gato.

Domingo: «…Sí, yo las he comido. Yo he cogido a los lagartos en Sierra Carija, entre las piedras. Teníamos un arpón así (y Domingo abre las manos para indicar el tamaño) y lo metíamos por los agujeros, igual que las banderillas de los toros…».

Juani:  «…Lo cogía por sacos con un pincho…».

Antonia: «...Me han dicho que tenía una carne blanca muy fina, parecida a la del pollo…».

Juani: «…Yo los he probado…».

Domingo: «…Y yo hacía los piches esos...».

22.- Bueno, ¿y qué hacían en «la peña del lagarto»?:

«…Pues nos reuníamos y nos íbamos de caldereta y esas cosas…o bien nos íbamos a «La Charca…».

23.- ¿Se reunían también cuando había alguna celebración especial como «La Mártir»?:

«…Bueno, con «La Mártir» eran  las pitarras…». 

Domingo: «…Es que con «La Mártir» es cuando se descorchaban todas las pitarras. Ibas de una tasca a otra, pero ya las tascas se han perdido. Ahora, somos más finos y se va de restaurantes o bien de tapitas…».

24.- ¿Había alguna celebración especial en la  empresa?:

«…A último de año la empresa hacía una comida para los empleados, pero sin sus familias. Era una comida a base de bien. Unas veces se hacía en la misma empresa y otras en hoteles, e incluso una vez se hizo en Montijo. Y venían los jefes. Pero lo acabaron quitando. La gente salía, algunas veces y decía: – ¡Qué si no habían hecho esto!, ¡qué si no habían hecho lo otro!, y al final lo quitaron también. Y era un dineral lo que se gastaba la empresa ahí...».

25.- ¿Teníais algunas prestaciones sociales?:

«…El economato. El Matadero tenía un economato para sus trabajadores. Nosotros teníamos una cartilla y nos ponían las cosas más baratas…». 

Juani: «…Y hasta hace diez años, más o menos hemos estado yendo a comprar al economato del Matadero. Allí comprábamos de todo, desde latas, carne, azúcar hasta el pan que nos salía más económico…».

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Fig. 16. Cartel anunciador de la Tienda Economato del «Matadero». (Foto: De la Barrera Antón, J. L.: Ibídem, p. 40).

Domingo: «…No hace muchos años. El economato estaba por encima de Viveros Castaños, en la calle que desemboca en la Avenida de D. José Fernández López. La calle donde está la casa del Presidente extremeño, un poco más arriba….». 

Manuel: «…Es que toda esa calle hacía abajo era del Matadero y la otra calle que entra. Está el parque aquí, que era antes la plaza y allí estaban las casas (…) esas todas eran del Matadero…».

Domingo: «…Donde esta el pub, en esa esquina estaba el economato. Pero antes de estar ahí el economato estaba el Matadero. Yo también he ido al Matadero...».

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Fig. 17. Antiguo Matadero en el solar del «Corral del Concejo». (Foto: De la Barrera Antón, J. L.: Ibídem, p. 50).

Efectivamente, nos dice De la Barrera Antón, en su obra Estampas de la Mérida de Ayer: «…En los aledaños donde ahora está la glorieta del puente «Lusitania» estuvo situado el «Corral del Concejo», hasta que a finales del siglo pasado se construyera el nuevo matadero para el degüello de reses vacunas, lanares y cabrías, quedando excluidas las porcinas. El sitio se había elegido por la posición elevada y por la proximidad del río (…) La Casa de las Carnicerías era donde se conservaba y se despachaba la carne que se consumía en la ciudad (…) Estaba situada en la actual calle del Puente (…) Se rehabilitó para Biblioteca Pública, y más tarde para Oficina de Turismo…». También ha sido sede del Consorcio de la Ciudad Monumental y hoy, es el centro de reunión de la Junta de Cofradías.

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Fig. 18. Interior de La«Casa Carnicerias». (Foto: De la Barrera Antón, J. L.: Ibídem., p. 28).

26.- ¿Tenían algún seguro médico?:

«…No, bueno, en el Matadero había un médico, pero era para los trabajadores. Era el médico de la empresa…». 

27.- ¿Y para las familias?:

«…No…».

28.- ¿Alguna beca de estudio para los hijos de los trabajadores?:

«…No, que yo sepa…».

Juani: «…Lo que sí les daban a los hijos de los trabajadores eran los «Reyes»...».

Manuel: «…Sí, los «Reyes» a los niños sí se lo daban. Hacían una fiesta y les daban los «Reyes» y, además, estaban los «Reyes» por allí, por el Matadero. Nosotros llevábamos a los niños y allí le daban los «Reyes»...».

En relación a esta festividad Domingo nos cuenta que el establecimiento comercial de «Almacenes de las Heras» montaba un escenario con un «Rey Mago» para que los niños fueran a llevarles la carta y hacerse una fotografía con él. Nos enseña un Semanario en el que aparece una foto de los Almacenes con el «Rey Mago», es de 1966. Añade Domingo que era algo normal, por entonces, que las grandes empresas montaran esta representación, porque vendían todo lo que tenían. Ese era el motivo por el que lo hacían.

Juani: «…Y por Navidad la empresa nos regalaba todos los años un cajón. ¡Qué ilusión me hacía a mí! ¡Madre mía!, de que lo veía entrar.… (risas) Nos regalaba la empresa un cajón con productos del Matadero todos los años. ¡Madreee!… Yo cuando entraba con el cajón ¡qué alegría!, ¡madre mía!, hay Manolo haber que te han dado…» (risas).

Nos cuenta Antonio Rodríguez Gómez, alumno del Proyecto, que: «…Don José Fernández López daba por Navidad una paga extra de cuarenta y cinco días de sueldo y un cajón, que así se llamaba, que contenía: una longaniza de cuelga, un trozo de tocino, una botella de sidra, una botella de vino y una barra de turrón…» de la que algunos años ellos fueron abastecedores, pues Antonio fue detallista de alimentación del ultramarinos «La Cubana» de Mérida.

Manuel: «…Pues como somos tan malos ¿sabes?, nadie estaba conforme, así que ¿sabes qué hicieron? Pues, lo quitaron. Igual que pasó con las comidas de fin de año….».

29.- Manuel también nos han dicho que tenían en «El  Matadero» un concurso de «mates»:

«…Sí, al concurso se presentaban los Oficiales de Primera y consistía en hacer lo más rápido posible el «mate»: matarlo, desollarlo, «hacerle la canal» (…) Se hacía de forma manual, a pulso y de ganado vacuno. Era el más corriente. El que más rápido y mejor lo hacía era el que ganaba. Aquí teníamos un campeón, eh…. ¿Cómo se llamaba? … Este que ha muerto hace poco…». 

Como Manuel no se acordaba pasamos a otra pregunta, pero al cabo de un rato recordó que se llamaba: «…Agustín del Olmo «el cojo». Era muy bueno. Y iban a los Mataderos de Madrid y Lugo para el concurso…».

30.- ¿Usted participó?:


«…No, yo era Oficial de Segunda, eran los Oficiales de Primera los que se podían presentar...».

31.- ¿Cuál era el premio?:

«…Pues le daban una copa y creo que dinero…».

32.- Manuel su profesión era algo peligrosa, pues andaba con hachas y cuchillos ¿Tenían algún santo patrón los matarifes? ¿Rezaban algunas oraciones especiales o hacían algún ritual?:

«…No, no ahí no se rezaba nada, se iba a trabajar…».

Domingo: «…Nosotros, todos los días, rezábamos, cuando éramos chicos (risas). Allí en el barrio del Calvario, a los seis años, pues hace ahora…. Tengo 75 años, pues hace 69 años, por la mañana cantábamos el «Cara al Sol» y rezábamos todos los días. Las niñas aparte y los muchachos también aparte. ¡Date cuenta!…».

Mª Carmen: «…Allí, era la zona aquella que le decían, y le dicen todavía, el «barrio rojo». Félix Castaño lo cuenta en su libro que durante muchos años se llamaba el «barrio rojo»…».

33.- Pero volviendo al tema, ¿recuerda algún santo o santa en particular?:

«…Estaba «La Mártir», pero era de toda Mérida…».

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Fig. 19. En Mérida , «La Mártir» y  «lo Romano» son dos elementos que se han convertido en símbolos que aglutinan la idiosincrasia emeritense. La fotografía es de la Panadería frutería Petri uno de los muchos establecimientos de la ciudad en los que la imagen de «La Mártir» tutela la actividad. (Foto Antonia Castro Mateos).


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