Rincón fotográfico

24/03/2016
Antonia Castro Mateos
 

«CAMINO DEL MATADERO»

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En un continuo caminar por las vías del tren se recuerda Ana Valero, una antigua trabajadora temporal del «Matadero» que tenía que recorrer todos los días ocho kilómetros andando para llegar a Mérida, pues vivía en Calamonte. Una distancia que al final de la jornada se duplicaba, pues tenía que volver a recorrerla para llegar a casa después de una larga y dura jornada.

Aunque Ana también recorrió «el camino del Matadero» en bicicleta. En la imagen, cedida por Ana Valero al Proyecto de Investigación, podemos ver a Ana, a la izquierda, con una compañera en la entrada del «Matadero» posando con la bicicleta con la que «...a última hora iba al Matadero (…) Me compré una de segunda mano, pero fui más andando que en bicicleta...».

La experiencia del camino nos la detalla Ana en una entrevista que tuvimos con ella, en su casa: «...Íbamos muchas del pueblo en grupos, como en cuadrillas de 7 u 8 personas, unas delante, otras detrás, más allá veías a otras cinco o seis. Vamos que íbamos mucha gente, la vía se llenaba desde luego de mujeres de aquí del pueblo. Pero además también las había que iban en bici»(…) 
 
Salíamos muy temprano, nos íbamos por la vía adelante, porque era por donde se atrochaba, ya que la vía iba directita al Matadero, pasaba por delante suya. Y días de frío, días de llover que llegábamos pingandito… El día que llovía había veces que no podíamos atravesar la vía, nos teníamos que ir hasta donde está el cementerio  del pueblo y coger la carretera, porque por el otro lado no había quien llegara. Por las mangas tampoco podíamos pasar porque estaban embarradas y por allí no se podía andar. Por donde más andábamos era por la vía… Y días de hacer muchas horas en el Matadero y venirte, a lo mejor a los ocho y media, las nueve de la noche, en invierno, que no se veía un «alma»… Gracias a las linternas que llevábamos que sino… (…)
 
Íbamos las muchachas jóvenes con los hombres cuidás. Había mucho respeto. A la mujer se la respetaba. Nosotras ya te digo, íbamos con los hombres, porque iban muchos andando también y de noche cuando veníamos les decíamos: _ ¡Chacho!, espérate que nos vamos a ir. Y ellos nos decía: -¡Venga!, que os esperamos, que vamos con vosotras… Así, íbamos más acompañadas, era por no ir solas. Los hombres le tenían mucho respeto a las mujeres…».

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