SEGUNDA PARTE
A pesar de que con el desarrollismo económico la legislación deroga la norma que, como hemos visto, obligaba a la mujer casada a dejar su puesto de trabajo, muchas de ellas lo abandonan para contraer matrimonio. Y es que la condición femenina aún estaba cautiva de los arquetipos «femenino doméstico» y «masculino productor» (Nash, 2014: 193) que la relegaba al hogar, ocupando una posición social subsidiaria como complemento del marido y madre de sus hijos, evocando el estereotipo de la «perfecta casada» y «ángel del hogar» y al hombre lo presentaba como «cabeza» y proveedor de la familia.


