Comenzaba el mes de diciembre cuando Rosa Mª Ávila Merino se incorporó al proyecto invitada por nuestra compañera Kati González Martínez. En un principio, Rosa Mª estuvo un poco reticente, no veía muy claro como podía colaborar, pues pensaba que el tema objeto de la investigación ya había sido estudiado por historiadores y cronistas de la ciudad y que, por tanto, poco o nada se podía aportar. Sin embargo, unas pocas sesiones sirvieron para hacerle cambiar de opinión y entusiasmarla con el proyecto. Poco a poco fue descubriendo la Antropología, algunas de sus técnicas de investigación y, sobre todo, que en sus recuerdos, percepciones y experiencias sobre la Mérida Industrial había retazos de historia que podían ser útiles a la investigación. Así, Rosa Mª empezó a colaborar y participar activamente, interviniendo en las sesiones, en las entrevistas a sus compañeros, buscando informantes y contándonos, durante una de las sesiones del proyecto, en el Centro Asociado UNED Mérida, una parte de su “historia de vida”. La entrevista fue realizada por la alumna Mª Carmen Torres Fernández el dos de febrero del 2015.
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Fig. 1. Rosa Mª Ávila Merino. (Foto Antonia Castro Mateos).
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Fig. 2. Kati González Martínez. (Foto Antonia Castro Mateos).
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Fig. 3. Mª Carmen Torres Fernández. (Foto Antonia Castro Mateos).
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Ciertamente, corrían los años sesenta cuando Rosa Mª empezó a trabajar en la empresa de Francisco Martín Delgado, en 1966, por mediación de un vecino y con la autorización paterna. Era aún una tierna jovencita de diecisiete años, llena de sueños e ilusiones cuando tuvo que enfrentarse a su primera responsabilidad profesional como auxiliar administrativa. Nos explica Rosa Mª que “…tenía que aprender el manejo de una máquina de contabilidad avanzada (…) pues el chico que la llevaba se fue a la mili y mira por donde un vecino mío, que era botones de la sección de contabilidad, sabía que yo me estaba preparando para esas cosas y me dijo: -Rosa, ¿quieres entrar en la empresa de Martín Delgado?. Entonces, yo de momento me quedé como asustada y me dijo: -Díselo a tú padre. Y como mi padre pasaba todos los días por allí para ir a la estación y conocía al jefe de contabilidad, al dueño, y a otros de la empresa, pues como que le pareció que era una cosa un poco más seria y me dejó. Y allí encajé bien, estuve el tiempo que ese chico se fue a la mili, pero luego cuando el volvió me quedé y seguí con la máquina, a él lo ascendieron a oficial administrativo…”.
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Fig. 4. Anuncio de la empresa Francisco Martín Delgado publicado en la Revista de Feria de Mérida, año 1959. (Foto realizada por Juan Antonio Ramos Blanco).
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Fig. 5. Rosa Mª Ávila en su puesto de trabajo en la empresa de Francisco Martín Delgado, en el año 1967. (Foto cedida por Rosa Mª Ávila Merino).
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| Fig. 6. Rosa Mª Ávila en la oficina con el jefe de contabilidad, Alfonso Pinilla y su compañera Paquita Prieto, año 1967. (Foto cedida por Rosa Mª Ávila Merino). |
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Fig. 7. Rosa Mª Ávila y Paquita Prieto, en la oficina. (Foto cedida por Rosa Mª Ávila Merino).
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Trabajar fuera de casa en aquella sociedad fue, sin duda, un paso importante para la liberación de la mujer, pues le permitió salir del ámbito privado (doméstico) al público, “entrar” al mundo y empezar a tener una conciencia más amplia y diferente de su condición como mujer. A pesar de que a principio de los años setenta se había aprobado una ley que permitía a las mujeres mantener su puesto de trabajo al casarse, muchas de ellas lo abandonaban para contraer matrimonio. No cabe duda de que la sociedad seguía siendo patriarcal y por ello, el modelo de familia, de “esposa y madre” y las creencias y valores que implicaban aún estaban en-raizados en la sociedad y seguían siendo una barrera para la plena incorporación de la mujer al mercado laboral, pese a la legislación. Una muestra clara de ello fue la decisión que Rosa Mª Ávila tomó cuando decidió dejar su trabajo para casarse, porque “…entonces nos educaban para ser ama de casa, madre y esposa, porque la verdad, la ilusión que teníamos era esa. Una vez que llegaba la cosa de que ya te casabas, pues ya dejabas de trabajar. Así se hizo liquidación para poder irme a mi casa, No quise seguir, además es que estábamos locas con la ilusión de casarnos y tener en seguida niños que es para lo que estábamos preparadas: Esposa y madre…”.
Rosa Mª también nos contó que cuando empezó a trabajar su padre le abrió una cartilla de ahorros donde ingresaba una parte del sueldo todos los meses. La otra parte la empleaba, por un lado, en vestirse y calzarse ayudando así en la economía doméstica y, por otro lado, en hacer su ajuar. Así, señala Rosa Mª que cuando se casó «…tenía una cartilla con mi dinerito y aparte me fui pagando el ajuar de los electrodomésticos, porque cuando yo me casé fui también más avanzada, porque llevaba frigorífico, televisor, cafetera, etc. Entonces, yo lo iba comprando y pagando…”. Y es que la empresa de Francisco Martín Delgado, donde Rosa Mª trabajaba, también vendía y reparaba electrodomésticos de las primeras marcas como Balay, Fagor. Aparatos eléctricos que representaron una ayuda para el ama de casa.
No obstante, la empresa de Martín Delgado pertenecía al ramo del automóvil. Nos cuenta Rosa Mª que «...era concesionario de la marca Seat, en Extremadura, y también tenía DKV, Mercedes, Peugeot y otras marcas que si tú le encargabas él te las traía. Además, tenía todo lo que conllevan los vehículos: los accesorios, recambios y hasta talleres, que estaban en la calle Marquesa de Pinares, donde iban todos los Seat para arreglarlos si se estropeaban…».
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Junto a los coches y electrodoméstico Martín Delgado también vendía motos y maquinaria agrícola: molinos para pienso, motores y grupos para riegos, desgranadoras, remolques, arados, sembradoras, tractores, abonadoras, así como gasolina y camping gas, tanto en Mérida como en Almendralejo.
La empresa de Francisco Martín Delgado abrió sus puertas en la década de los años cincuenta del siglo XX, aunque Rosa Mª Ávila no recuerda cuando aperturó el negocio sí se acuerda que cuando ella entró a trabajar ya llevaba años funcionando. Fue una empresa local que centró su actividad terciaria en Mérida y algunas localidades cercanas y por el número de trabajadores que tenía, «…más de cien empleados repartidos entre la exposición, tienda, administración, talleres y gasolineras», podemos decir que era de tamaño medio y que, probablemente, surgió al amparo del impulso generado por las industrias que se instalaron en la ciudad: Matadero, Cepansa, Hilaturas,Corchera, etc.
Bibliografía
Domínguez, P., García-Nieto, Mª. C. (2007) «Franquismo : represión y letargo de la conciencia feminista 1939-1977», en Anderson, B., Zinsser, J. (2007) Historia de las Mujeres. Una historia propia. Barcelona: Ed. Crítica.
Moncó, B. (2000) «Antropología e Historia: un dialogo interdisciplinar», en Revista de Antropología Social, nº 9: 159-176.








