
Autora reseña: Rosa Mª Ávila Merino, alumna del Proyecto de Investigación: “La Historia Oral y la Memoria Colectiva de la Mérida Industrial».
Reseña:
La Diputación Provincial de Badajoz y el Ayuntamiento de Mérida publican, en 1994, la obra del arqueólogo y director del Archivo Histórico Municipal y del Museo Arqueológico de Mérida, D. José María Álvarez Saénz de Buruaga, Materiales para la Historia de Mérida (de 1637 a 1936). Una monografía que presenta por décadas una relación de los asuntos más destacados que acontecieron en la ciudad, tomando como base los Libros de Acuerdos del Archivo Histórico Municipal desde 1637 hasta 1936.
Nos encontramos ante todo con una obra eminentemente práctica, que se distingue por su claridad en la exposición. Prima en ella la parte descriptiva, pues el objetivo del autor es recopilar materiales para redactar una historia más completa de Mérida desde 1637 a 1936.
En relación a la Mérida industrial le dedica un capítulo, “Mérida en el siglo XIX (1890-1899)”, donde transcribe las actas de los libros de los acuerdos municipales relativos a esos años, haciendo referencia a las escasas industrias que por entonces había en la ciudad.
Efectivamente, son pocas las industrias existentes en la última década del siglo XIX en Mérida, ciudad que por aquel entonces contaba con 12.000 habitantes. Señala Sáenz de Buruaga que la ciudad contaba con dos fábricas de corcho, una propiedad de D. Martín Girbal, situada en la calle Marquesa de Pinares y otra perteneciente a Don Andrés Márquez, sita en el callejón del Rastro. El autor también se hace eco de los problemas que causaba a la vecindad dicha actividad por los abundantes humos y virutas encendidas que desprendía la fábrica de D. Martín Girbal.
Igualmente, señala la existencia de una fábrica de textil, de tejidos de yute y algodón, en la calleja de los Gitanos, de la apertura de una Delegación de la Cámara de Comercio de Badajoz en la ciudad, siendo presidida por D. Pedro María Plano, de la instauración de un mercado semanal y del funcionamiento de dos casas de banca y dos imprentas en la localidad.
Asimismo, señala, entre otras noticias, que en esta época se publican varios periódicos en la ciudad: “El Emeritense”, (de 1886 a 1892), “El Moscardón”, semanario satírico, que duró solo dos meses, “La Voz del Pueblo”, semanario republicano (1891-1892) y “El Montero Extremeño”, publicación quincenal sobre temas de caza y pesca. Llama la atención que en una ciudad de doce mil habitantes hubiese cuatro periódicos, probablemente, esa fue la causa de su efímera vida.