Sujetos-Objeto de la Investigación. Re-viviendo el pasado: Rosa Mª Ceballos Blanco

 12/11/2014

Antonia Castro Mateos

En esta y sucesivas entradas, etiquetadas igual, vamos a exponer el resultado de las entrevistas que los alumnos del proyecto de investigación se han ido realizando unos a otros con la finalidad de rescatar, recuperar de sus memorias para la sociedad emeritense los relatos e historias sobre los quehaceres fabriles y comerciales que bien les contaron sus mayores bien los vivieron en primera persona. Historias vividas, sentidas y escuchadas por estas alumnas y alumnos que pertenecen a una época en la que aún el recuerdo de la Mérida Industrial está vivo en la boca de quienes lo conocieron y por eso todavía poseemos de una u otra forma “memoria” de ella.

La primera en ser entrevistada fue Rosa Mª Ceballos Blanco, el 12 de enero de 2015 por su compañera y amiga Katy González Martínez, en el Centro Asociado de UNED Mérida en el marco del Proyecto de Investigación “La Historia Oral y la Memoria Colectiva de la Mérida Industrial”.

El motivo de la entrevista es que su madre, Juana Blanco Fernández (1927-2010), natural de Mérida, fue trabajadora del Matadero Regional de Mérida entre 1945 y 1950. Industria cuya actividad principal era la adquisición y sacrificio de ganado para su posterior transformación, industrialización, transporte y venta de sus carnes y productos derivados.

Rosa Mª Ceballos
Fig. 1. Rosa María Ceballos Blanco. (Foto Antonia Castro).
MADRE ROSA CEBALLOS BLANCO
Fig. 2. Juana Blanco Fernández (1927-2010). 
(Foto cedida por Rosa Mª  Ceballos Blanco).
Vista aerea del antiguo matadero de Mérida Periodico Extremadura, 13 marzo, 2011
Fig. 3. Vista aérea del antiguo «Matadero» de Mérida, hoy desaparecido. (Foto: El Periódico Extremadura, 13 de marzo del 2011. Periódico cedido por Juan Antonio Ramos Blanco).

1.-¿Qué tipo de trabajos son los que realizaba habitualmente su madre?:

«…Mi madre trabajaba en despojos, cortando las orejas, el rabo de los animales, etc., y envasando el chorizo, en el embuchado...».

Scan 3
Fig. 4. Trabajadoras embuchando el embutido. Década de los años 50. (Foto cedida por Juan Antonio Ramos Blanco).

2.- ¿Cómo era su jornada de trabajo?:

«…Pues, muy rutinaria, entraba a las ocho de la mañana y salía a las tres de la tarde. Aunque ella salía de casa a las siete de la mañana, pues el camino hasta el matadero era largo. Y parece ser que cuando mi madre y sus compañeras iban con prisas en vez de ir por el puente romano atajaban por el puente de hierro. Un camino bastante peligroso, porque podía coincidir con algún tren. Cuando esto pasaba se entraban en una especie de garita y se agarraban a los hierros hasta que pasaba el tren. Una de las veces, mi madre perdió un zapato.

065ç
Fig. 5. Vista del «Puente de Hierro», en la actualidad. (Foto Antonia Castro Mateos).

En el desempeño de su trabajo mi madre me contaba que en despojos los trabajadores eran mayoritariamente mujeres con edades comprendidas entre 20 y 24 años, como mucho 25, porque luego se casaban y dejaban de trabajar. Por lo visto, había, solamente, dos hombres, eran los encargados y sus edades oscilaban entre los 34 y 35 años (…) Era un trabajo que no lo quería casi nadie (…), pues se trababa de pelar las patas de los toros, de los animales, de todos… (…) Luego parece ser que cuando iban a por el agua caliente ellas no podían con los cubos de 10 ó 15 kilos y los hombres es cuando les echaban una mano, les ayudaban a traerles el agua caliente, porque las mujeres no tenían suficiente fuerza. Eso me lo ha contado ella muchas veces a mí. 

Cuando hacían el embuchado, ahí había más hombres. Además, mi madre me contó que tenían una hora para el bocadillo y tal. Y como casi ninguna (de las compañeras) llevaba bocadillo, nada más que pan, lo untaban con chorizo del matadero. Pues le habían dicho que eso no era robar si se lo comían dentro. Era norma que si se consumía dentro no se consideraba robo. Todo el mundo paraba para comer y lo hacían en una sala grande con unos bancos corridos como los de la escuela. Los hombres se echaban el cigarrito, pero del grupo de su madre ninguna mujer fumaba…».

 

3.- Horas Extras:

«…Según la necesidad de la persona, pues resulta que se echaba más horas o no se echaba. Mi madre me contaba que le daba a su madre el dinero que ganaba, pues se quedó viuda con cuatro hijos con lo cual ella era la mayor y tenía que ayudarla. Y cuando quería comprarse un vestido pues hacía horas extras…». 

Durante la entrevista otra alumna, Rosa Mª Ávila apunta que: «…tanto en el Matadero como en la Corchera, en la Hilatura, como en todas las empresas fuertes se hacían las horas que se les llamaba tantas horas a destajo. Y era cuando funcionaban que decíamos los ajuares de las mujeres. Entonces, claro por eso funcionaban tanto las tiendas, el textil, el pequeño comercio. Se les abría una ficha a los clientes de continuidad, los había que tenían una hija, otra hija, otra hija,…. y entonces, apartaban el ajuar, así, iban sacando las sábanas, las mantelerías, las cosas…. Y todos los meses cuando se cobraba el dinero, ese que se le llamaba a destajo, fuera de las ocho hora que tuviera cada persona, se pagaba una parte de la cuenta pendiente. Por eso, había una alegría en el comercio de Mérida tremenda (…) te acordaras tú (dice dirigiéndose a otro alumno) de «Luis Diez», «Los Aragoneses», «La Campana», etc…».
 

4. ¿Cuántas empleadas conformaban el grupo donde trabajaba su madre?:

«…Por lo menos sus 18 ó 20 mujeres, como mínimo…». 

Además, otros alumnos, Antonio Rodríguez, Rosa Mª Ávila, Mª Carmen Torres comentaron que en «El Matadero» trabajaban muchas personas, en torno a 800 trabajadores fijos más los eventuales y que algunos trabajos como el envasado no paraba, tenía turnos de 24 h. Señalan también, que la entrada y la salida al trabajo la marcaba la sirena del «Matadero» y se escuchaba en toda la ciudad.
«…Y para el desempeño de su actividad llevaban unas batas de color azul con el logotipo de la empresa...».
 

5. ¿Daba la empresa algunas prestaciones sociales?:

«…Ella (la madre de Rosa Mª) me comentaba a mí que había un economato donde los trabajadores del Matadero podían comprar alimentos más baratos…». 

Otros alumnos señalan que la empresa también tenía viviendas para sus trabajadores en la zona conocida como el «Barrio», situado frente al «Puente de Hierro».

«…En el grupo donde estaba mi madre eran muy solidarios, pues si caía una compañera enferma juntaban el sueldo de todo el día y se lo entregaban. O si por ejemplo se queda algún hombre viudo, que habían escuchado, que incluso ni lo conocían, pues era de otro departamento, pues ¡fíjate en la clase!… ¡Cómo estaban los obreros que no tenía nada!, un día de su trabajo lo dedicaban para esa persona. Eran solidarios…».
 

6.-¿Recuerda alguna celebración especial en «El Matadero» o que participaran como empresa en alguna celebración de la ciudad?:

«…Yo sólo he visto en aquella época a mi abuelo, que era del campo, y entonces, sí los del campo celebraban San Isidro. Eso sí, pero ellos (los del Matadero) no lo sé (…) Mi madre iba a la Mártir Santa Eulalia y hacía el Trecenario, pero su madre no me contó nada más de ninguna otra celebración

Además, el Matadero tenía un equipo de fútbol y se llamaba el «Mérida Industrial», porque, según mi hermano, todas las empresas de la ciudad ayudaban al equipo…».

Scan 40
Fig. 6. Equipo de fútbol IFESA. Año 1966. Campeonato de fútbol entre empresas de Mérida: «La Corchera», «Cepansa», IFESA, «El Gavilán», etc., con motivo de la festividad de San José obrero. El campeonato duraba de marzo a mayo. (Foto cedida por Juan Antonio Ramos Blanco).

Sin embargo, Antonio Rodríguez recuerda que «…los conductores de camiones del Matadero el Domingo de Resurrección compraban unos borregos en el economato y hacían una caldereta, en la zona de la alcantarilla romana, dirección Badajoz por vía del ferrocarril...».  

Por su parte, Rosa Mª Ávila recuerda que «...el día de los Reyes Magos, el día antes era muy famoso en el Matadero, porque le dedicaban ese día a todos los hijos de todos los empleados del Matadero y tenían sus regalitos. Era la empresa la que regalaba a todos los hijos de los empleados (…) los empleados se vestían de Reyes Magos (…) como mi vecino, el de arriba, que era matarife, entonces sus hijos tenían el caballito de cartón, la muñeca de no sé cuanto (…) Y lo celebraban allí en el Matadero, hacía como una especie de teatro, una fiesta…»que según Antonio Rodríguez se «… celebraba en los patios del Matadero y luego, en el colegio que está en el Calvario…».

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *